viernes, 30 de noviembre de 2012

De búsquedas y encuentros.


Flint decidió hacerse cargo de la niña hasta pudiera devolvérsela a sus padres, así que se encargó de vestirla y cuidarla mientras viajaban de pueblo en pueblo, de aldea en aldea, preguntando si alguna carreta había pasado por allí, o si alguien había encontrado algo extraño en el linde de algún camino, pero no encontraron nada y el periodo de ferias se terminaba. Cada día que pasaba el enano se encariñaba más con la divertida y vivaz Shia, que se había recuperado pronto de todo lo que le había sucedido, ya que Tymora la bendijo con la fuerza necesaria para conseguir olvidar lo que pasó aquel día, cosa que dificultaba todavía más la búsqueda de su familia. 

Llegado el momento, Shia acompañó a Flint hasta Aguas Profundas, donde tenía su taller, ya que YunqueMartillo resultó ser uno de los mejores herreros y orfebres de la zona quien, aunque nunca desistió en su búsqueda, debía admitir que el ímpetu que ponía en ella era cada vez menor puesto que el enano había encontrado la felicidad de nuevo cuidando de Shia, que le recordaba a su hija pequeña fallecida años atrás. Pasado el tiempo, cesó en la búsqueda y terminó por aceptar que Shia era su hija, así que optó por tratarla como tal, enseñándole todo lo que podía, incluso a defenderse con su propio idioma, ya que cuando el enano bebía más de la cuenta, era incapaz de hablarle en otro idioma.

Shia le acompañaba a todas las ferias, siempre cogida de la mano de su muñeca, y, mientras él comerciaba, ella jugaba con los hijos de otros mercaderes con los que solía coincidir en casi todas las ferias, representando ser una princesa en apuros para que la rescatasen de las garras de un dragón, o cualquier historia infantil de ese tipo. Su héroe siempre era el hijo pequeño de un mercader de telas, un niño paliducho de ojos oscuros y pelo negro. 

Conforme fueron pasando los años, el interés de Shia por las armas que fabricaba su padre fue creciendo, así que en los juegos pasó de ser la princesa en apuros a convertirse en una rescatadora, pugnando por ser la heroína de la historia con su compañero de juegos. 

En Aguas Profundas, se dedicaba a llevar los encargos de Flint a los más variopintos lugares de la ciudad. Así conoció a William, hijo de Sir Jules Braynorm, el día que entregó un florete en su enorme casa. Shia adoraba ir a esa casa donde siempre la trataban como a una princesa, le daban de merendar y permitían que se quedase unas horas jugando con Will. Sir Jules en más de una ocasión le dió un dinero extra por servirles los encargos con tanta velocidad. También conoció a un antiguo soldado retirado, que le daba demasiado a la bebida y gustaba demasiado de las armas, pero el día que la vida de Shia cambió fue cuando tuvo que entregar unos cuantos estoques de la mejor calidad en casa de un Maestro de Esgrima, Ainüil Asgarad, de quien las malas lenguas dicen que cayó en desgracia años atrás, convirtiéndose en un mujeriego y un pendenciero. 
También decían de él que únicamente daba clases para poder costearse su caro estilo de vida. Con apenas 7 años, al ver aquella clase desde lejos, Shia supo lo que quería ser en su vida, quería aprender a usar ese tipo de armas, quería aprender a moverse como ellos se movían, quería danzar con un estoque en su mano. Cuando se lo contó a su padre, éste no dudó en llegar a un acuerdo con el semielfo, un trato que sin duda los beneficiaría a ambos, Asgarad tendría armas gratis mientras entrenase a Shia. Evidentemente aceptó, aunque al principio a regañadientes, al comprobar el potencial de la pequeña su actitud cambió radicalmente al respecto. 

El mestizo en realidad no era ni tan mujeriego ni tan pendenciero como las malas lenguas decían, había servido a un antiguo noble de la ciudad , ahora muerto y con su linaje o caído en desgracia o, lo que era mucho peor, desaparecido o muerto. Era evidente que esto había marcado a Asgarad, ya que, cuando bebía, de las únicas historias que hablaba era de cuan buenos eran los tiempos en los que Lord Driresean gobernaba sus tierras, con la justicia que trataba a sus siervos y cuánto le quería la gente. Shia escuchaba esas historias una y otra vez, tanto, que se las sabía de memoria, llegando a parecer que ella misma fuese quien vivia esas historias junto al noble, se imaginaba luchando junto a él y siendo la heroína de la historia. 

Los años pasaron rápidos, ahora en lugar de ir de pueblo en pueblo, Shia se quedaba en la ciudad junto a Asgarad aprendiendo, sus periódicas visitas a casa de William hizo que su relación fuese cada vez más cercanas, considerándolo como su propio hermano mayor. Quedaba poco para que Shia cumpliese los 10 años y William se reía porque Shia seguía sin separarse de su cochambrosa muñeca de trapo. El muchacho intentó arrebatarsela, pero ella no la soltaba, en una lucha feroz, tirando cada uno hacia un lado, la pequeña Lanna se desgaró por la mitad casi completamente. En ese mismo instante, William, arrepentido, soltó la muñeca de golpe, haciendo que Shia cayese de espaldas. No le dio tiempo a reaccionar, Shia ya estaba en pie de nuevo, abrazando su muñeca y corría calle abajo, llorando desconsolada. Cuando llegó a casa, no acertaba a decir nada, solo estiraba la muñeca a Flint mientras le miraba con esos enormes y suplicantes ojos marrones. El enano cogió la muñeca y prometió a Shia que la remendaría, que no se preocupara, mas cual fue su sorpresa, al ir a repararla, que encontró en el interior de la misma, enganchado con un trozo de tela un anillo.

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